Encadenamientos frecuentes
No son protocolos: son los órdenes que suelen funcionar. Lo que casi nunca funciona es empezar por el final.
Metáforas vivas
El tablero
Yo observadorPara abrir la conversación: Las piezas que quieres que ganen, las que quieres sacar y el tablero que puede contenerlas.
Saca a la persona de la posición de pieza. Entrena el yo como contexto: no cambia el contenido, cambia desde dónde se lo mira.
- Fusión con la historia sobre uno mismo: «soy ansioso», «soy el que arruina las cosas».
- Identidad organizada alrededor de un diagnóstico, un rol o un fracaso.
- Lucha interna crónica entre lo que se quiere creer y lo que aparece.
- Cuando cuestionar el contenido de frente endurece la creencia.
Guion para proponerlo en sesión
Pide que la persona haya intentado ganar de verdad, dentro y fuera de la hoja. Ofrecer «ser el tablero» antes de que haya sentido la inutilidad de empujar la convierte en una idea bonita y nada más.
El botón verde no se toca temprano. Que empuje varias veces primero, y que la partida corra sola un rato: las negras que brotan sin que nadie empuje son la mitad del argumento.
«Vamos a jugar una partida que llevas años jugando. De un lado las piezas que quieres que ganen, del otro las que quieres que desaparezcan.»
«Empuja todo lo fuerte que quieras. Yo no te voy a decir cuándo parar.»
Dejarlo empujar. No sugerir el cambio de posición hasta que aparezca el cansancio, o hasta que él mismo diga que no sale ninguna.
Cuando llegue ese momento, señalar el marcador sin comentarlo: «mira ese número». El cero de negras sacadas habla mejor solo.
Al pasar a ser el tablero, apretar y callarse unos segundos antes de decir nada.
«Fíjate que las piezas siguen ahí, y siguen llegando. Lo único que cambió es desde dónde las estás mirando.»
«Y mira el marcador de energía: se detuvo.»
«¿Qué cosas de tu vida quedaron esperando a que ganaras esta partida?»
✗ «Tú no eres tus pensamientos.» Es la conclusión del ejercicio, y dicha antes de tiempo se queda en eslogan.
✗ «Ahora ya no te van a afectar.» Van a afectar igual; lo que cambia es desde dónde se miran.
✗ Explicar el yo observador con teoría. Acaba de ocurrirle; explicarlo lo devuelve a idea.
Pregunta «¿y entonces cómo saco las negras?»: esa pregunta muestra que sigue siendo pieza. No se corrige, se devuelve tal cual.
Dice que se sintió aliviado siendo el tablero: bien, y conviene comprobar que no lo esté usando como técnica para que las piezas se vayan. Si es eso, volvió a la partida.
No consigue soltar la posición de pieza: no se insiste. La hoja hizo su parte mostrando el cero, y eso ya es material.
El jardín de valores
ValoresPara abrir la conversación: Siembra lo que importa, encuentra sus raíces y mira cómo lo has cuidado esta semana.
Clarificación por elección y no por escritura: seis surcos de veinticuatro, y la distancia entre lo que importa y lo que efectivamente se regó. Entre sembrar y regar hay un paso de enraizar: cada surco dice qué cuida por debajo y se renombra con las palabras de la persona, que es donde la conducta deja de pasar por valor.
- Cuando preguntar «¿cuáles son tus valores?» produce silencio o discurso aprendido.
- Personas poco verbales, o que no escriben, o que se pierden en la brújula.
- Sobrecarga con culpa difusa: todo importa y nada se mueve.
- Vida partida en dos, con todo el combustible en un solo frente.
Guion para proponerlo en sesión
Es la alternativa a la brújula cuando preguntar «¿cuáles son tus valores?» produce silencio o discurso aprendido. No exige escribir ni argumentar.
El momento clínico no es sembrar: es tener que dejar dieciocho afuera.
«Un jardín tiene espacio para seis surcos, y aquí hay veinticuatro semillas. Lo que dejes afuera no es que no importe: es que no cabe.»
«No hay respuesta correcta, y no voy a opinar de lo que siembres.»
Las veinticuatro semillas están redactadas como conductas, a propósito: por ahí entra quien no sabe nombrar valores. El paso de enraizar existe para que la conducta no se quede haciendo de valor, y es el momento donde más fácil se desvía el ejercicio hacia metas.
«Cuando dices «bajarle al consumo», eso suena a una acción. ¿Qué hay detrás de esa intención, qué quieres proteger?»
«Entonces, en vez de llamar a este surco «comprar menos», ¿cómo lo llamarías tú? ¿Te representa?» El rótulo del surco se escribe con sus palabras, no con las de la lista.
«Si esa parte de tu vida estuviera más presente estos meses, ¿qué cambiaría en cómo te tratas?»
«¿Qué versión de ti estás cuidando cuando eliges esta semilla?»
Las fichas de «qué cuida» son un repertorio para destrabar, no un menú que haya que usar. Si la persona lo dice con otras palabras, va el «+».
Un surco puede quedarse sin raíz y no pasa nada: el contador lo deja a la vista y es material para la próxima sesión. Lo que no conviene es rellenarlo por completar.
Cuando dude a quién dejar afuera, no ayudarle a decidir. Esa incomodidad es el ejercicio.
Si dice «es que todos importan»: «claro que sí, y aun así hay seis surcos».
Al regar: «con lo que hiciste esta semana, no con lo que quisieras hacer». Esa frase es la que separa el jardín de una lista de buenas intenciones.
Al elegir la regadera: «¿cuál quieres regar esta semana porque de verdad te importa, no porque deberías?»
«¿Cuál está más marchito?» Esperar.
Y solo después: «¿qué es lo más pequeño que lo regaría?»
El qué día, a qué hora y en qué lugar se acuerda hablando y queda escrito en «tarea acordada», al pie de la hoja. En la hoja no hay agenda, a propósito.
✗ «Deberías regar más la familia.» El jardín es suyo, incluidas las decisiones que incomodan.
✗ Comparar unos surcos con otros, o con los de otra persona.
✗ Convertir el surco más seco en tarea de la semana antes de saber qué lo secó.
✗ Poner la raíz uno mismo. Si el profesional elige la ficha de «qué cuida», el valor pasó a ser suyo y el ejercicio se acabó.
No logra sembrar ni tres: la conversación ya no es de valores, es de aplanamiento. Conviene tamizar sintomatología depresiva antes de seguir.
Siembra seis y los riega todos al máximo: suele ser deseabilidad. Bajar a la semana concreta, día por día, y volver a regar.
Aparece un surco que riega mucho y que no eligió como valor: mirarlo. Casi siempre es evitación bien disfrazada de responsabilidad.
Una misma maleza marcada en varios surcos, o en todos: no es una barrera de esa área, es un proceso que atraviesa la vida entera. Ahí la conversación deja de ser por surcos y pasa a ser por el proceso: qué hace con eso cuando aparece, no en cuál jardín aparece.
La cuerda y el monstruo
AceptaciónPara abrir la conversación: Una cuerda, lo que aparece al otro lado y lo que podrías hacer con las manos libres.
Que la persona compruebe en pantalla que la fuerza alimenta la lucha, y que soltar no es una forma disimulada de ganar.
- Evitación experiencial franca: ansiedad, pánico, rabia, ganas de consumir, recuerdos.
- Quien «ha intentado todo» y sigue igual.
- Cuando la agenda de control está tan instalada que cualquier técnica se convierte en arma.
Guion para proponerlo en sesión
No anunciar que al final hay una solución. Si se dice «vas a ver qué hacer», la persona espera la técnica y no vive el desgaste, que es lo único que enseña esta hoja.
«Al otro lado hay un monstruo y entre los dos un hoyo sin fondo. Ponle el nombre de eso con lo que llevas años haciendo fuerza.»
«Cuando empiece, él jala solo, hagas lo que hagas. Tú haz lo que harías.»
Es lo más importante de esta hoja. Si el profesional dice «suéltala», soltar se convierte en la respuesta correcta de un examen y deja de ser una elección.
Dejarlo jalar hasta que note que los centímetros que gana le duran cada vez menos, o hasta que se caiga al hoyo. Las dos cosas sirven.
Si pregunta qué debe hacer: «lo que harías».
«Fíjate en dos cosas: no se cayó, y dejaste de acercarte al borde.»
Después, señalar el contador de segundos con la cuerda en el suelo, y dejarlo correr un rato sin decir nada. Ese rato incómodo es la práctica.
«¿Qué cosas dejaste de hacer todos estos años porque tenías las manos ocupadas?»
✗ «Suéltala.» Como instrucción, convierte la aceptación en una tarea más.
✗ «¿Ves? Era más fácil soltar.» No es más fácil, y decirlo invalida lo que acaba de costarle.
✗ «Aceptar es dejar de luchar.» Dicho así suena a resignarse, que es lo contrario.
Entiende soltar como rendirse: se retrocede al inventario de costos, no se insiste. La hoja lo deja explícito, el monstruo sigue de pie.
Vuelve a agarrar la cuerda enseguida: normal y útil. «¿Qué te hizo agarrarla otra vez?»
La medida de la sesión son los segundos con la cuerda en el suelo, no si soltó. Quince segundos sosteniendo valen más que un soltar que dura dos.
Hojas en el arroyo
DefusiónPara abrir la conversación: Pon en las hojas los pensamientos que reconoces y observa su paso por el arroyo.
No entrena calmarse ni dejar de pensar: entrena notar que uno se enganchó y volver. Ese ciclo es la repetición útil, y por eso el marcador cuenta retornos y no fallos. La corriente trae los pensamientos sola, y hacia el final llegan en racimo.
- Rumiación depresiva y preocupación anticipatoria: es su indicación más clara.
- Fusión que ya resistió la reestructuración: hizo el registro completo y sigue enganchado.
- Quien discute con su propia mente y siempre pierde.
- Como preparación, cuando el enganche impide arrancar cualquier conducta.
Guion para proponerlo en sesión
Pide desesperanza creativa ya hecha. Sin eso se escucha como una técnica más para sacarse cosas de encima, y se usa así.
No se anuncia como relajación y no se promete calma. Anunciada como calma, la persona la evalúa por si se calmó, y en ese momento el ejercicio ya se perdió.
Se eligen juntos tres o cuatro pensamientos de los de todos los días. Los peores no: con esos la práctica se vuelve exposición sin preparar.
«Vamos a hacer algo que suena raro, y te aviso desde ya: no es para que te sientas mejor. Puede que termines igual de incómodo que ahora, y estaría bien.»
«Tu mente va a seguir produciendo todo el rato. No vamos a apagarla ni a discutirle. Vamos a practicar mirar los pensamientos, en vez de mirar desde ellos.»
«En la pantalla baja un arroyo. Cada hoja trae uno de los que escogimos. Léelo, y déjalo pasar. No lo empujes, no lo retengas, y tampoco mires el agua para no verlo: se trata de mirarlo de frente y dejarlo ir igual.»
Todo el encargo cabe en tres verbos, y conviene dejarlos dichos así: leer, soltar, volver a mirar.
«En algún momento vas a notar que llevas un rato sin leer ninguna hoja, o que le estabas contestando a una. Eso va a pasar, y no es un error: esa parte es justamente la que estamos entrenando.»
«Cuando lo notes, vuelve a mirar el arroyo. Si el botón naranja está puesto, márcalo: marcarlo es parte de volver.»
Decirlo antes evita que lo viva como fracaso cuando ocurra, y le deja un nombre para poder contarlo después.
El guion ya está en la pantalla. No hace falta acompañar con voz, ni narrar, ni repetir la instrucción a mitad de camino.
Si habla, no se responde el contenido: «eso también va en una hoja».
Si se ríe o dice que esto es raro: «ponlo en una hoja».
Si pide parar antes de tiempo, se para. El tiempo no se negocia.
Mirar cuándo marca, no cuántas veces. Tres marcas seguidas después de un minuto limpio dicen algo que el total no dice.
«¿Cómo te fue?» Abierta, sin dirección, y después callarse. El silencio lo llena la persona.
«¿En qué momento dejaste de ver el arroyo?» y «¿qué te hizo darte cuenta de que te habías ido?» El proceso, no el resultado.
«¿Hubo alguna que no pudiste dejar ir? ¿Qué hiciste con esa?» Ahí está el material.
«¿Notaste algo distinto en cómo pesan?» Solo al final, y solo si la persona lo trae. Nunca de primera.
✗ «¿Verdad que te sientes más tranquilo?» Pide en voz alta la respuesta que arruina el ejercicio.
✗ «Muy bien, casi no te enganchaste.» Convierte en puntaje lo que era práctica, y la próxima vez marcará menos para quedar bien.
✗ «Trata de que no te afecten.» Es la agenda de control otra vez, con otro nombre.
✗ «Si te distraes, vuelve a concentrarte.» Esto no es concentración, y llamarlo así cambia lo que la persona practica.
✗ Explicar la metáfora después de haberla hecho. Ya la vivió; explicarla la devuelve a idea.
Se enganchó muchas veces: es una buena sesión, y conviene decirlo con esas palabras. La dosis del ejercicio es el número de retornos, no el de aciertos.
No se enganchó ninguna: casi nunca significa que no se fue. Repetir más corto, o pasar a La palabra repetida, que no depende de notar.
«Se detuvo el arroyo», «se quedó atascada una hoja»: señal clásica de fusión. Se marca y se vuelve, sin interpretarla en el momento.
«Quedé tranquilo, me sirvió»: preguntar «¿lo hiciste para que se fueran?». Si la respuesta es que sí, el ejercicio se volvió control y toca volver a El costo de la lucha.
Quiso acelerar las hojas, empujarlas o saltarse alguna: es la agenda de control apareciendo dentro del ejercicio. Es de lo mejor que puede pasar, y se nombra.
Se activó, se disoció o no pudo sostener la pantalla: se para, se ancla y se pasa a la Tarjeta de crisis. La práctica contemplativa no es el lugar.
El bus y los pasajeros
Acción comprometidaPara abrir la conversación: Una dirección importante y los pasajeros que aparecen durante el camino.
Comprobar que el bus se mueve con los pasajeros gritando, y que discutir con ellos cuesta energía y no suma kilómetros.
- Evitación conductual cuando los valores ya están claros.
- Procrastinación y el «cuando me sienta mejor, lo hago».
- Ansiedad social y de desempeño: los gritos suben justo al acercarse a lo que importa.
- Quien se detiene a razonar con su mente cada vez que aparece un obstáculo.
Guion para proponerlo en sesión
Necesita un destino propio. Si la dirección es prestada, la hoja convierte un valor ajeno en un plan y aprieta más la trampa. Preguntar de quién es la dirección antes de arrancar.
«Tú manejas. Ellos se subieron sin permiso y no se bajan en la próxima esquina.»
«No hay botón para avanzar: el bus anda solo mientras lo dejes andar. Lo único que vas a poder tocar es el freno, y aparece cuando ellos griten.»
La tensión de tenerlo ahí unos segundos y decidir es el ejercicio entero. Cualquier comentario en ese momento decide por él.
Si para a discutir, no comentarlo mientras ocurre. El tablero lo dice después y lo dice mejor.
Mirar los tres números juntos: kilómetros, reloj y energía.
«¿Dónde se fue el tiempo?»
✗ «No les hagas caso.» No se puede no hacer caso a propósito.
✗ «Ignóralos.» Ignorar a propósito es otra forma de pelear, y cuesta lo mismo.
✗ Señalar cada parada mientras ocurre. Convierte el viaje en una evaluación.
Llegó sin parar ninguna vez: no felicitarlo. Preguntar qué hizo con las ganas de tocar el botón, que es lo que se está entrenando.
Se quedó sin energía antes de llegar: es la mejor sesión posible. Que lea él el tablero y diga en qué se le fue.
Paró en todas: no es fracaso, es su patrón dibujado. «¿Se parece a algo?»
Dice que discutir «a veces sí sirve»: no discutirlo. Volver a correr el viaje y mirar los kilómetros.
Los ochenta años
ValoresPara abrir la conversación: Personas importantes y la huella que quisieras dejar en sus vidas.
Separar logro de vínculo. Nadie se levanta a decir un logro: se levantan a decir cómo los trataste. Y la mesa muestra la distancia con el último mes.
- Vida organizada enteramente por rendimiento.
- Vacío con buen funcionamiento aparente.
- Decisiones vitales grandes, y revisiones de rumbo.
- Cuando los valores declarados suenan a deber y no a elección.
Guion para proponerlo en sesión
Es la hoja que más culpa moviliza, y la culpa produce evitación, no cambio. No se abre sin tener decidido que se baja a una acción pequeña en la misma sesión.
No usarla en duelo reciente agudo, ni con riesgo sin preparar.
«Cumples ochenta años. Hay una mesa larga y tres personas que se levantan a decir quién fuiste con ellas. No qué lograste: quién fuiste.»
«Elige lo que te gustaría que dijeran. No lo que dirían hoy.»
«Ahora mueve una sola cosa: cuánto se pareció a eso el último mes.»
Y callarse mientras lo mueve. Las frases que se apagan en la mesa no necesitan comentario.
Primero, nombrar explícitamente que la distancia es información y no un veredicto. Sin esa frase, la hoja se lee como una acusación.
«¿Cuál de esas frases te dolió más ver apagarse?»
Y de inmediato, sin dejar que se instale la culpa: «¿qué es lo más pequeño que la encendería un poco esta semana?»
✗ «¿Y qué estás esperando?» Es un reproche con forma de pregunta.
✗ «Todavía tienes tiempo de cambiarlo.» Consuela, y al consolar desactiva.
✗ Terminar la sesión en la distancia, sin bajar a conducta. Eso deja culpa sin salida.
Llora: es esperable y no hay que rescatarlo enseguida. Esperar, y después la acción pequeña.
Pone todas las frases al máximo: suele ser evitación del ejercicio. Probar con un invitado que sepa la verdad, sin adornos.
La culpa se vuelve autoataque: cortar la hoja y pasar a Autoinstrucciones o a la brújula. Aquí no se sigue empujando.
El polígrafo
Desesperanza creativaPara abrir la conversación: Explora qué ocurre cuando intentas controlar lo que estás sintiendo.
Demuestra la agenda de control desde dentro del mecanismo: cada intento de bajar la activación la dispara, y sube el piso al que vuelve. No lo dice el profesional, lo dice el papel de registro.
- Reglas del tipo «no debo sentir esto» y «si lo siento, algo anda mal».
- Ansiedad por la ansiedad, y pánico con miedo a las propias sensaciones.
- Quien llega pidiendo técnicas para dejar de sentir.
- Cuando toda habilidad que se enseña se convierte en otra arma de control.
Guion para proponerlo en sesión
Dura poco y pega fuerte: dos o tres minutos bastan.
Con pánico activo, no antes de tener un anclaje disponible.
«Te conectan a esto y te dan una sola regla: no puedes ponerte ansioso. Si la aguja llega arriba, llega la descarga.»
«Tienes dos botones para bajarla. Úsalos.»
No advertir de lo que va a pasar. La lección la da el mecanismo, y avisarla se la quita.
No señalar el piso mientras sube. Que suba solo.
Cuando ya lleve varios intentos, una sola frase: «mira la línea de abajo».
Y esperar a que él diga qué ve.
«¿Estaba ahí cuando empezaste?»
Y después: «¿cuánto llevas haciendo esto afuera de aquí?»
✗ «¿Ves que no sirve?» Tiene que llegar él, o no llega.
✗ «Entonces deja de intentar controlarlo.» Es una instrucción de control más, con otro nombre.
✗ Cerrar la sesión en la demostración. Siempre se baja después a valores o a la cuerda.
No apretó ningún botón: mostrarle el marcador de segundos sin tocar nada y preguntar qué hizo con las ganas. Ese marcador es la otra mitad de la hoja.
Sale con «entonces no hay nada que hacer»: faltó cerrar. La desesperanza creativa sin salida hacia valores es solo desesperanza, y eso no se deja para la próxima sesión.
Llegó a la descarga: preguntar qué la produjo. Que el castigo por sentirlo produzca más de lo que castiga suele ser la frase que se lleva.
La palabra repetida
DefusiónPara abrir la conversación: Di la palabra en voz alta al ritmo del punto. Prueba primero con «limón» y observa qué ocurre.
Vacía una etiqueta de significado por repetición hasta que solo queda el sonido. Toca la fusión con el autoconcepto sin discutir ni una vez el contenido.
- Autoetiquetas fusionadas: «soy un inútil», «soy débil», «soy un fracaso».
- Cuando la reestructuración ya se hizo completa y la creencia no se movió.
- Personas poco verbales o adolescentes, porque no exige argumentar nada.
- Como demostración rápida y corporal de qué es la defusión.
Guion para proponerlo en sesión
Una o dos palabras, y que sea un descriptor de uno mismo.
Nunca con palabras ligadas a trauma, a abuso ni al nombre de quien hizo daño: repetir eso no defusiona, revictimiza.
Hace falta privacidad real. Si no la dice en voz alta, no ocurre nada.
«Vamos a hacer un ejercicio que va a sonar absurdo, y esa es exactamente la idea.»
«Primero con una palabra cualquiera, para que veas qué pasa donde no duele.»
«¿Qué le pasó a la palabra?» y dejar que él lo nombre.
Que sea él quien diga «se volvió un sonido» es lo que hace que el segundo turno funcione. Si lo dice el profesional, el segundo turno se convierte en una expectativa que cumplir.
Calibrar antes, sin comentar el número que ponga.
«Lo mismo, con la tuya. En voz alta, y la digo contigo si te ayuda.» Decirla a la par baja mucho la vergüenza, y la vergüenza es lo que hace que la digan por dentro.
Recalibrar primero, hablar después.
«La palabra no cambió, y lo que dice sigue siendo lo mismo. ¿Qué cambió?»
✗ «¿Viste que no significa nada?» Sí significa. Lo que cambió es cuánto pesa.
✗ «Entonces no es verdad.» El ejercicio no discute el contenido, y meterlo ahí lo deshace.
✗ Insistir si se resiste a decirla en voz alta. Esa resistencia es información, no un obstáculo.
El peso no bajó: no es fracaso. «¿Qué la sostiene?» Con frecuencia la respuesta trae la historia que hay detrás de la palabra, y ahí estaba el trabajo.
Se rió: excelente señal. La risa en este ejercicio es defusión ocurriendo.
Se angustió mucho: parar y anclar. La palabra estaba más cargada de lo que parecía, y conviene revisar de dónde viene antes de repetir el ejercicio.
La radio que no se apaga
DefusiónPara abrir la conversación: Una tarea por hacer mientras la radio de la mente sigue transmitiendo.
Separa hacer de estar en silencio. Lo que mide es la tarea terminada con el ruido encendido, y no el ruido apagado.
- Quien condiciona actuar a que la mente se calle: «cuando deje de pensar en eso, lo hago».
- Rumia de fondo permanente que no llega a impedir del todo, pero desgasta.
- Ansiedad de desempeño y bloqueo al empezar.
- Como puente entre la defusión y la acción, cuando ya se practicó observar.
Guion para proponerlo en sesión
Va después de haber practicado observar, no antes. Es el puente entre la defusión y la acción, y sin la práctica previa se lee como un ejercicio de concentración.
«Hay una emisora que lleva años transmitiendo y no tiene botón de apagado. Vamos a poner lo que dice la tuya.»
«Al lado hay una tarea de doce pasos. Lo que vamos a mirar es si la terminas, no si la radio se calla.»
No comentar la radio mientras habla.
Si baja el volumen y la emisora empieza a hablar más seguido, dejarlo notar solo. Si se lo explica el profesional, deja de ser un descubrimiento y pasa a ser un dato.
«¿La terminaste?»
Y después: «¿la radio se apagó en algún momento?»
✗ «Ignórala.» No se puede a propósito, y el intento cuesta más que la radio.
✗ «Concéntrate y no la escuches.» Eso es supresión, y la supresión sube la frecuencia.
✗ Felicitar por el tiempo que tardó. Convierte la tarea en desempeño y ese no es el punto.
La apagó varias veces y terminó igual: es el mejor desenlace posible, y conviene nombrarlo tal cual. Intentó callarla, no lo consiguió, y aun así hizo lo que iba a hacer.
Terminó rápido y dice que ni la vio: preguntar si se puso en automático. El automatismo también es evitación, y distinguirlo de la disposición vale la conversación.
No terminó: material. Qué la detuvo exactamente, y en qué paso.
El hombre en el hoyo
Desesperanza creativaPara abrir la conversación: Lo que has estado haciendo para salir del hoyo y lo que ocurre al seguir cavando.
Separa la sensación de avanzar del avance. La barra se llena mientras se cava y se vacía al soltar el botón; la profundidad es lo único que se queda.
- Primera o segunda sesión, para instalar desesperanza creativa sin discurso.
- Quien lleva años haciendo cosas para resolverlo y sigue exactamente igual.
- Conductas de seguridad que alivian en el momento y sostienen el problema.
- Comprobación compulsiva y búsqueda interminable de información.
Guion para proponerlo en sesión
Sirve como puerta de entrada, incluso antes de tener formulación. Dos minutos bastan.
«Estás dentro de un hoyo y lo único que te dieron es una pala. Dime con qué has estado cavando.»
«Mantén apretado el botón todo lo que quieras.»
Sin decir nada. La barra de «voy avanzando» hace todo el trabajo, y hablar encima lo estropea.
Si pregunta si eso lo va a sacar: «cava y mira».
Cuando suelte el botón y vea la barra vaciarse sola, una sola frase: «esa barra se vació. La profundidad no.»
Y esperar.
«¿Qué necesitarías, que no sea una pala?»
Aguantar el silencio sin ofrecer la respuesta. La metáfora no tiene salida, y fabricarle una en ese momento apaga todo lo anterior.
✗ «Deja de cavar.» No hay adónde ir todavía, y sin alternativa suena a quitarle lo único que tiene.
✗ Ofrecerle la escalera. Su trabajo es que la pala deje de parecer la herramienta, no dar otra.
✗ «Entonces todo lo que has hecho estuvo mal.» No es eso: funcionó para aliviar, y por eso lo siguió haciendo. Lo que no hizo fue sacarlo.
Dice «pero algo tengo que hacer»: esa frase es la agenda de control hablando. Se nombra, no se responde.
Suelta la pala y se queda callado un rato largo: dejarlo. Ese silencio es el trabajo.
Aparece desesperanza con contenido de muerte: se detiene la hoja y se pasa a la Tarjeta de crisis. Esto no se sigue empujando.
Psicología positiva
Mi flor PERMAH
BienestarPara abrir la conversación: Seis áreas del bienestar para mirar cómo está la vida hoy y por dónde empezar.
Mapa rápido de seis áreas del bienestar: qué se conserva, qué se atiende y por dónde empezar.
- Primeras sesiones, cuando la consulta llega difusa: «no sé qué me pasa».
- Consulta por un tema puntual, para comprobar si de verdad es puntual.
- Cierres de proceso, repitiéndola para comparar con la primera vez.
Mis fortalezas del carácter
RecursosPara abrir la conversación: Elige las fortalezas que reconoces en tu vida y conversa sobre lo que representa cada una.
Nombrar lo que ya funciona y convertirlo en palanca, en vez de trabajar solo sobre el déficit.
- Autoestima muy baja con la mirada puesta enteramente en lo que falta.
- Desmoralización y sensación de no tener con qué.
- Procesos estancados, para recuperar agencia.
- Construcción de alianza en las primeras sesiones.
Tres cosas buenas y mi mejor versión
Gratitud y metasPara abrir la conversación: Recupera algo bueno de hoy o de ayer y explora qué hizo posible que ocurriera.
Entrenar la atención hacia lo que sale bien con un diario de tres cosas buenas, y convertir una imagen de una mejor versión de uno mismo en un plan apoyado en las propias fortalezas.
- Síntomas depresivos con atención fija en lo negativo y comparaciones con los demás.
- Personas que ya identificaron sus fortalezas y no saben cómo usarlas.
- Como práctica continua durante toda la terapia: el diario se revisa al inicio de cada sesión.
Guion para proponerlo en sesión
«La mente recuerda con más facilidad lo que salió mal que lo que salió bien. Quejarse es fácil; apreciar lo bueno requiere atención y esfuerzo.»
Tres cosas cada noche, cada una con una frase sobre por qué pasó. Lo que importa es la frase.
Se lee despacio, con tiempo en cada pregunta. Si la persona no logra ideas concretas, una imagen clara de la mejor versión también sirve para orientar el camino.
Después se escribe sin pensarlo mucho, tal como se visualizó.
Se empieza por el diario. Si no se llenó, se reconstruye ahí mismo mirando la semana.
✗ «Hay gente que está peor; agradece lo que tienes.»
✗ «Tienes que ser más positivo.»
ACT
La brújula de valores
ValoresPara abrir la conversación: Lo que importa y el lugar que está teniendo en la vida cotidiana.
Doce ámbitos con dos calibradores: cuánto importa y cuánto se actuó. La distancia es la información, y la casilla de «me la pusieron» es lo que más rinde.
- Cuando hay lenguaje suficiente para calibrar y tolerancia a una hoja larga.
- Sospecha de valores prestados: se rinde para quedar bien con quien mira.
- Desmotivación crónica que no cede con técnicas de organización.
- Antes de programar cualquier conducta comprometida.
El costo de la lucha
Desesperanza creativaPara abrir la conversación: Lo que has intentado: qué alivia en el momento y qué sucede con el tiempo.
Inventario completo de estrategias de control, cada una con su alivio inmediato y su resultado a la larga. La diferencia entre esas dos columnas es toda la conversación.
- Casi siempre al principio de un proceso ACT: es la puerta.
- Quien llega pidiendo una técnica para eliminar el malestar.
- Consumo, evitación, rumia, control, comprobación: cualquier repertorio de escape.
- Cuando la persona se culpa por no haberlo logrado con esfuerzo.
Guion para proponerlo en sesión
«No vamos a mirar si has hecho lo suficiente. Doy por hecho que sí, y con todo lo que tenías. Vamos a mirar otra cosa: qué te ha costado.»
Sin esa frase la hoja se lee como reproche, y entonces la persona defiende en vez de mirar.
Cada estrategia por separado, y dos preguntas que no se responden juntas: «¿alivió en el momento?» y «¿lo resolvió a la larga?»
Si contesta las dos de una: «espera, esa es la segunda. ¿Alivió, en el momento?»
La persona empieza a defender sus estrategias. Cuando eso pasa es que se sintió juzgada: se vuelve a la premisa y se dice otra vez.
✗ «¿Ves que nada de eso funciona?» Sí funcionó, para aliviar. Por eso lo siguió haciendo.
✗ «Entonces deja de hacerlo.»
✗ Leer el costo como si fuera una factura que se le pasa.
Con la pregunta, no con la conclusión. La desesperanza creativa que cierra el profesional deja de ser creativa.
«Si esto que has intentado es lo que hay, ¿qué es lo que no has probado?»
Por dónde entrar
FormulaciónPara abrir la conversación: Un mapa de los seis procesos para orientar la formulación y elegir por dónde trabajar.
Los seis procesos como continuos. No devuelve un perfil para el consultante: devuelve la puerta de entrada y con qué hoja seguir.
- Al formular el caso, antes de elegir herramienta.
- En supervisión, y con practicantes que están aprendiendo a formular.
- Cuando el proceso se estanca y hay que revisar por dónde se entró.
Soltar el anzuelo
DefusiónPara abrir la conversación: Un pensamiento y distintas formas de relacionarte con él. Elige una para explorar.
Cinco defusiones cortas sobre un mismo pensamiento, con una sola medida, para averiguar cuál le sirve a esta persona en concreto.
- Hay un pensamiento pegajoso identificable y repetido.
- Autocrítica dura: «soy un fracaso», «no sirvo».
- Después de la flecha descendente, aplicado sobre la creencia del fondo.
- Cuando hace falta algo portátil, de diez segundos y de pie.
Guion para proponerlo en sesión
Con un pensamiento que esté activo hoy, no con el más grave del historial.
No es dejar de tener el pensamiento, es dejar de morderlo.
«¿Qué hace tu vida cuando muerdes ese anzuelo?» Y después: «¿qué haría si estuviera ahí y no lo mordieras?»
Probar dos o tres formas de defusión en la sesión y quedarse con la que le funcione a él, no con la que suene mejor.
Usarlo para que el pensamiento se vaya. Si pregunta «¿y cuánto tarda en irse?», volvió a morder, y conviene nombrarlo sin corregirlo.
✗ «No le hagas caso.»
✗ «Eso es solo un pensamiento», dicho como consuelo. Es una descripción, no un calmante.
La matriz
Punto de vistaPara abrir la conversación: Quién y qué importa, lo que aparece por dentro y los movimientos de la vida cotidiana.
Un solo diagrama para ordenar lo que importa, lo que se interpone, lo que se hace para alejarse y lo que se hace o podría hacerse para acercarse. Sirve igual para problemas distintos y habla en palabras de la persona, sin conceptos técnicos.
- Evitación en muchas áreas, con ciclos de alivio inmediato y costo a largo plazo.
- Personas a las que los conceptos de la terapia de aceptación y compromiso las mandan a la cabeza.
- Como mapa compartido para volver a él sesión tras sesión.
- Trabajo con parejas, familias o equipos, donde cada uno ordena su propia matriz.
Guion para proponerlo en sesión
Primero, lo que trae a la persona. Se le devuelve lo escuchado hasta que diga «sí, es eso»; sin ese paso, la matriz llega como una técnica más y no como su propia experiencia ordenada.
Se pide permiso para mostrar un punto de vista. La hoja no se abre antes de ese sí.
«Es solo un punto de vista. No digo que sea el único ni el correcto: a mucha gente le ha servido para hacer lo que le importa aunque aparezcan obstáculos.»
La línea horizontal antes que los cuadrantes: «A un conejo se le puede ver yendo hacia una zanahoria o alejándose de un perro que ladra. A nosotros también, y además hacia personas y cosas que importan y lejos de cosas que aparecen por dentro, que nadie ve.»
Se empieza abajo a la derecha, y por quién antes que por qué: «¿Quién te importa?» Casi todos nombran a alguien, y la primera mirada tiene que ser un acierto.
Ritmo liviano. Una persona y un par de cosas por cuadrante bastan: «buena muestra; no buscamos que esté completo».
Abajo a la izquierda se abre normalizando: «¿Haces todo el tiempo lo que te acerca a quien te importa?» Ante el no: «entonces algo se interpone». Los obstáculos de afuera se reconocen y se dejan para después.
Terminado abajo, y antes de subir, señalando los dos cuadrantes: «¿Quién puede notar quién te importa y lo que aparece?» Se espera el «yo». El paso 2 de la hoja lo retoma al final.
Al subir se avisa el cambio: «abajo estaba lo que nadie ve; arriba, lo que cualquiera podría verte hacer».
Si dice «me autosaboteo» o «evito», se pregunta una sola vez: «¿y qué se te ve haciendo cuando evitas?». Si no sale una conducta, se anota lo que dijo, con sus palabras, y se sigue.
Ordena la persona. Si algo queda donde no parece ir —«no sentir ansiedad» como lo que importa, el jefe como lo que se interpone—, se deja así: el orden se afina con la práctica.
Se señalan los cuadrantes en la pantalla, y que la persona también señale. Se apunta a su experiencia; el diagrama no se explica.
«Si pudieras elegir entre una vida que va sobre todo por este lado (izquierda) y una que va sobre todo por este otro (derecha), ¿cuál elegirías?»
«¿Te interesa aprender a elegir con más facilidad esto (arriba a la derecha) aunque aparezca aquello (abajo a la izquierda)?» Ese sí es el acuerdo de trabajo.
La práctica de la semana es de notar, no de hacer. Si no la hace, que note que no la hizo: eso también es notar, y en la sesión siguiente cuenta como logro.
✗ «Valores», «aceptación», «defusión». Se habla de quién y qué importa, de lo que aparece y de lo que se ve hacer.
✗ «Eso va en el otro cuadrante.» Corregir el orden le enseña a ordenar para quien acompaña, no a mirar su experiencia.
✗ «Lo de la izquierda está mal.» Alejarse no es un error: es lo que se hace, y en el paso siguiente se mira si funciona.
✗ Empezar por el problema. Si la primera pregunta va a la izquierda, la sesión se va al relato de lo que no funciona y cuesta volver a la derecha.
Dice que nadie le importa: «Entre una vida en la que alguien o algo importa y una en la que nada importa, ¿cuál elegirías?» Se anota «alguien o algo que importe» y encontrarlo pasa a ser parte del trabajo.
No se nombra a sí misma entre quienes importan: se le hace notar después de abajo a la izquierda, con suavidad. Si sale una historia, no se discute; se pide permiso para anotar «yo».
Lo mismo aparece en los dos lados de arriba —dormir, el ejercicio, el teléfono—: «¿quién puede saber si esta vez fue para acercarte o para alejarte?».
Pregunta «¿y cómo hago eso?»: es una habilidad, y ya empezó a practicarla al elegir la derecha con todo lo de abajo a la izquierda presente. No se dan soluciones hechas; la matriz sirve para encontrar las suyas.
Se va a un relato largo: se valida, y se invita a ubicarlo: «eso que acabas de decir, ¿dónde iría en la matriz?».
Los ganchos
Matriz, paso 3Para abrir la conversación: Lo que engancha, lo que haces después y la dirección hacia la que quieres nadar.
Reconocer qué engancha a la persona y darse cuenta de que mordió por lo que hace después, no por analizar el gancho.
- Después de la matriz, cuando ya se distinguen movimientos hacia y de alejamiento.
- Reacciones que se repiten ante los mismos disparadores: rabia, autocrítica, ganas de consumir.
- Personas que buscan entender de dónde viene cada pensamiento antes de poder moverse.
Guion para proponerlo en sesión
Con preguntas, no con la explicación: «¿Cómo sabe un pez que mordió un anzuelo?» Hasta llegar a «porque lo arrastran en otra dirección».
«¿Necesitaría entender el anzuelo, analizarlo o saber quién sostiene la caña?» Se deja que responda que no.
En cada gancho, la persona decide en voz alta. Si muerde, no se corrige: se mira adónde lo llevó y se vuelve a soltar el pez.
«¿Qué haces tú cuando aparece este?»
✗ «Eso es solo un pensamiento, no es real.»
✗ «Tienes que evitar esos ganchos.» Los ganchos siguen en el agua; se aprende a notarlos.
El cielo y el clima
Dejar espacioPara abrir la conversación: Darle espacio a lo que aparece, como el cielo al clima que lo atraviesa.
Dejar de pelear con un pensamiento, un sentimiento o un dolor dándole espacio: se nombra, se le da forma y la respiración va hacia adentro y alrededor.
- Emociones o sensaciones que se intentan apartar y vuelven con más fuerza.
- Dolor físico persistente con lucha alrededor.
- Insomnio con pensamientos que no dejan dormir, combinada con respiración.
Guion para proponerlo en sesión
«Por malo que sea el clima, el cielo tiene espacio para él. Y el clima nunca le hace daño al cielo. Tarde o temprano cambia.»
Primero se nombra y se le da forma. Cuanto más concreto el objeto, más fácil dejarle espacio.
Poca voz. Si la persona abre los ojos para ver si el objeto encogió, se nombra con suavidad: «no hace falta que cambie».
En la pantalla el clima cambia solo, a veces crece: está bien. Lo que crece de verdad es el cielo.
✗ «Respira hasta que se te pase.»
✗ «¿Ya se fue?» Esa pregunta convierte la práctica en otra forma de lucha.
Empujar el papel
Preocupación y rumiaPara abrir la conversación: Explora qué ocurre al empujar los pensamientos y al dejarlos junto a lo que estás haciendo.
Hacer visible, en el cuerpo y en un minuto, lo que cuesta pelear con la preocupación o la rumia, y probar la alternativa: dejar el pensamiento al lado y seguir con lo que importa.
- Preocupación o rumia que ocupan horas del día.
- Personas que ya intentaron distraerse, suprimir o discutir sus pensamientos sin resultado.
- Intervenciones breves: es el centro de la primera sesión del protocolo.
Guion para proponerlo en sesión
Si se puede, primero con hojas reales: se escribe el «papá» en una, la persona trabaja en otra, y de pronto se le pone el papel frente a la cara. Cuando empuja, se ofrece resistencia con el brazo.
«¿Qué pasó con el informe? ¿Cuánta fuerza pusiste? ¿Qué conseguiste empujando?»
«¿Se pone el papel más fuerte o más débil cuando empujas?»
«¿Te sientes así al final del día: cansado, con los hombros tensos?»
«Si empujando solo le das más fuerza, ¿qué se te ocurre que podrías hacer?» Se moldea la respuesta hasta que aparezca dejar de empujar.
Los binoculares: dentro de un año y dentro de cinco, empujando y sin empujar. «¿Quién estaría mandando en tu vida?»
✗ «Ese pensamiento no es cierto.» No se discute el contenido.
✗ «Ignóralo.» Dejarlo al lado no es ignorarlo: se mira y se elige dónde ponerlo.
Quién lleva los globos
Defusión y elecciónPara abrir la conversación: Llevar lo que aparece mientras eliges hacia dónde dar el siguiente paso.
Tres movimientos seguidos sobre lo mismo: ponerlo enfrente, notar quién lo mira y que hay sitio para ese y para todos, y elegir quién manda en el paso siguiente. Es defusión con perspectiva y con dirección, no solo con distancia.
- Ya observa sus pensamientos, y cuando aparecen sigue haciendo lo que ellos dicen.
- Hojas en el arroyo se le volvió una manera de esperar a que pasen.
- Conducta reactiva o impulsiva: lo siente y lo hace, sin intervalo en medio.
- Preocupación y rumia, después de Empujar el papel: es el ejercicio que abre la segunda sesión de ese protocolo.
Guion para proponerlo en sesión
Pide algo que importe ya nombrado. La tercera parte del ejercicio es elegir hacia dónde, y sin dirección queda en mirar globos.
Va mejor después de haber practicado observar. Esta hoja le suma dos cosas a esa práctica: quién está mirando, y quién manda.
No se anuncia como alivio. Los globos se quedan, y eso se dice desde el comienzo.
«Vamos a hacer lo mismo varias veces: primero con cosas que no pesan, después con las que sí.»
«No se trata de que se vayan. Aquí los globos no se sueltan: se llevan en la mano.»
«Nota tu respiración… ¿Quién la está notando?»
«Deja que llegue un pensamiento, el que sea. Ponlo en el globo y míralo como mirarías un cuadro. ¿Te das cuenta de que eres tú quien lo está mirando?»
Se hace entera las primeras veces. Es donde se aprende el movimiento, y con lo difícil ya no hay que explicarlo.
«Tú estás aquí y eso está allá, enfrente. No hay que hacer nada con él.»
«¿Quién está mirando ese pensamiento?» Se espera la respuesta. El botón dice «Soy yo» y lo aprieta la persona.
«Imagina que tienes sitio para este y para todos los que has tenido hoy. Como los lunares: uno camina a donde quiere con ellos puestos.»
«Imagínate cuando eso manda en lo que haces. ¿Qué haces?… Ahora imagínate mandando tú, con eso en la mano.»
«¿Quién quieres que mande en lo que haces ahora: tú o lo que sientes?»
Los pasos los marca la persona, a su ritmo. No se aprieta por ella ni se le adelanta la respuesta.
Si elige que mande el globo, no se corrige ni se repite el ensayo. La hoja muestra un momento cómo queda, y viene el siguiente.
Callarse en la elección. Los segundos con los dos botones a la vista son el ejercicio.
Mirar el ramo antes de hablar: todo eso estuvo ahí, y la figura caminó o no caminó.
La pregunta de la hoja lleva a un paso fuera de la sesión. El cuándo se acuerda hablando.
✗ «Suéltalo.» En esta hoja no se suelta nada: se lleva.
✗ «Tú no eres tus pensamientos.» Son suyos, y es más que cualquiera de ellos. Dicho como eslogan borra la mitad.
✗ «Muy bien, mandaste tú.» Convierte la elección en desempeño, y la próxima vez elegirá para quedar bien.
✗ «¿Verdad que pesa menos?» Pide en voz alta que el globo cambie.
Mandó en todas, muy rápido: preguntar qué hizo con el globo. Si la respuesta es «no le hice caso», lo empujó, y eso es otra cosa.
Mandó el globo varias veces: es su patrón dibujado, no un fallo. «¿Se parece a algo de esta semana?»
Dice «pero es que es verdad»: no se discute. «Puede ser verdad. ¿Quién lo está mirando?»
Se queda en «no sé quién mira» o se angustia con la pregunta: no se insiste. Se vuelve a la respiración y a lo que hay alrededor.
DBT
Análisis en cadena
Análisis conductualPara abrir la conversación: Reconstruye una situación: qué venía pasando, qué ocurrió después y qué consecuencias tuvo.
Reconstruir la cadena que lleva a una conducta problema y ubicar, eslabón por eslabón, qué habilidad cabía ahí.
- Conducta problema recurrente y concreta: autolesión, consumo, atracón, explosión, abandono.
- Después de un episodio, para convertirlo en aprendizaje y no en culpa.
- Formación de practicantes: es la hoja que enseña a analizar.
Guion para proponerlo en sesión
Sobre una conducta problema concreta y reciente, no sobre «las veces que me pasa». Una sola, con día y hora.
«Vamos a reconstruir eso como una película, cuadro por cuadro. No para juzgarlo: para ver dónde había puertas.»
Vulnerabilidad previa, evento desencadenante, y después eslabón por eslabón sin saltar.
Cada vez que resuma —«y ahí exploté»— devolver: «¿y justo antes de eso?» Los saltos grandes son donde estaban las puertas.
Describir, no explicar. El análisis en cadena no busca el porqué, busca el qué pasó después.
✗ «¿Por qué hiciste eso?» Pide justificación y trae vergüenza, y la vergüenza cierra la cadena.
✗ «Ahí te equivocaste.»
✗ Pasar a soluciones antes de tener la cadena completa.
Elegir dos o tres eslabones, no diez, y solo ahí buscar qué habría cabido.
Si el tiempo se acaba antes: mejor una cadena completa sin soluciones que media cadena con soluciones.
Tarjeta de crisis
Tolerancia al malestarPara abrir la conversación: Ubica lo que está ocurriendo y explora las habilidades para atravesar el momento.
El termómetro decide qué habilidad cabe según la activación, y con lo elegido arma una tarjeta del tamaño de un carné.
- Desregulación intensa y recurrente.
- Impulsos de autolesión, consumo o fuga.
- Como psicoeducación expositiva, por su formato de lámina.
Guion para proponerlo en sesión
Se llena fuera de la crisis y con la persona en calma. Una tarjeta hecha en crisis no se usa en crisis.
Pocas cosas y muy concretas. Tres habilidades, no ocho: con ocho no lee ninguna.
Los teléfonos van con nombre y número escritos. «Llamar a alguien» no es un plan.
Todo lo que exija concentración se descarta: a noventa de activación no se sostiene.
✗ Habilidades que solo funcionan con la cabeza fría.
✗ «Respirar profundo» como única opción.
✗ Dejarla solo en el celular, si el celular es parte de lo que se descontrola.
«¿Dónde va a estar la tarjeta, físicamente?» Y que lo diga en voz alta.
Una tarjeta que no se sabe dónde está es una tarjeta que no existe.
Verificar los hechos y acción opuesta
Regulación emocionalPara abrir la conversación: Una emoción, una situación y la diferencia entre lo que ocurrió y su interpretación.
Averiguar si la emoción se ajusta a los hechos. Si se ajusta, se resuelve el problema; si no, se hace lo contrario de lo que pide, y completo.
- Emociones intensas y frecuentes que la persona da por hechos.
- Culpa y vergüenza desproporcionadas.
- Rabia que organiza la conducta, miedo social, celos.
Guion para proponerlo en sesión
Solo tiene sentido cuando la emoción no encaja con los hechos, o cuando la intensidad no encaja. Si encaja, la habilidad es otra: resolver el problema, no verificar.
«No vamos a decidir si tienes razón en sentirlo. Vamos a mirar qué pasó exactamente, y después qué encaja con qué.»
Nombrar la emoción. Describir el hecho sin una sola interpretación dentro.
Buscar otras interpretaciones posibles, incluidas las aburridas.
Estimar la probabilidad de la temida, y después preguntar si la intensidad encaja con lo que de verdad hay.
Usarlo para convencer. Si el profesional queda del lado de los hechos y la persona del lado de la emoción, ya se perdió y toca validar antes de seguir.
✗ «Estás exagerando.»
✗ «No tienes por qué sentirte así.» Invalida, y la invalidación sube la emoción que se estaba verificando.
✗ Saltar a la acción opuesta antes de haber verificado.
Si los hechos encajan: se valida y se pasa a resolver el problema.
Si no encajan: ahí sí, acción opuesta, y completa.
Pedir y decir que no
Efectividad interpersonalPara abrir la conversación: En esta conversación, ¿qué quieres conseguir, cuidar o sostener?
Ordenar objetivo, relación y autorrespeto —de ese orden depende qué habilidad manda— y salir con un guion para ensayar.
- Sumisión, complacencia, incapacidad de poner límites.
- También el extremo contrario: quien pide con agresión y pierde la relación.
- Conflictos de pareja o familiares que se repiten con el mismo guion.
- Antes de una conversación concreta y fechada.
Guion para proponerlo en sesión
Con una petición real y pendiente de esta semana. En abstracto no se aprende.
Decidir primero cuánto pedir, de insinuar a insistir. Muchos fracasos son de intensidad y no de forma: el guion perfecto en la intensidad equivocada no funciona.
Escribirlo, decirlo en voz alta y repetirlo hasta que suene suyo.
Y ensayar el no: qué dice si le dicen que no. Sin eso, la primera negativa desarma todo.
Aplicarlo palabra por palabra suena a robot y la otra persona lo nota. Se ensaya para tener la estructura, no el libreto.
✗ «Solo tienes que ser más asertivo.»
✗ Prometer que va a funcionar. La habilidad es pedir bien; conseguir no depende de ella.
✗ Cerrar sin acordar una petición concreta, y pequeña.
Mente sabia
MindfulnessPara abrir la conversación: Dale un lugar a lo que dice la razón, a lo que dice la emoción y a lo que surge al escucharlas.
Una decisión concreta pasa por las tres mentes, por separado, y la sabia aparece después del silencio, no como promedio.
- Decisiones atascadas que llevan semanas dando vueltas.
- Impulsividad: decide en caliente y se arrepiente.
- El patrón inverso: analiza sin decidir nunca.
- Sesión corta, de una sola pieza.
Guion para proponerlo en sesión
Con los dos estados primero, y con ejemplos suyos, no con los del manual.
«Cuéntame una decisión que tomaste desde la emoción pura.» Y después: «otra desde pura razón, sin sentir nada.»
«Mente sabia no es el punto medio entre las dos. Es lo que sabes cuando ya paraste de discutir contigo.»
En sesión, con una decisión pequeña y real, no hipotética.
Preguntar dónde lo siente en el cuerpo. Sin eso se queda en concepto.
Usarla para justificar lo que ya se quería hacer.
Si la respuesta llega instantánea y cómoda, casi nunca es mente sabia. Vale la pena decirlo: «¿eso lo sabías antes de preguntarte?»
✗ «Usa la mente sabia», como consejo suelto y sin ensayo.
✗ «Cálmate y piensa.» Eso es mente racional, que es justamente uno de los dos extremos.
✗ Presentarla como una voz mística o infalible.
Tarjeta diaria
RegistroPara abrir la conversación: La semana a la vista: emociones, impulsos y habilidades. Elige un día para registrar o revisar.
Datos de la semana entre sesiones: emociones, impulsos, conductas y qué habilidad se usó. Sustituye el relato retrospectivo por el registro.
- Procesos DBT y cualquier seguimiento de conductas de riesgo.
- Cuando el relato de la semana es poco fiable o se reconstruye desde el ánimo del día.
- Para ver patrón semanal en vez de episodios sueltos.
Guion para proponerlo en sesión
Sirve si se llena. Una tarjeta que no se llena no es un fracaso de la persona: es un diseño demasiado grande.
Empezar con menos columnas de las que parecen necesarias. Añadir es fácil; quitar cuesta.
El momento del día se acuerda explícito y se engancha a algo que ya ocurre: después de lavarse los dientes, antes de acostarse.
✗ Registrar cinco variables desde la primera semana.
✗ Revisarla solo cuando algo va mal, que la convierte en instrumento de castigo.
Se revisa siempre, aunque esté vacía, y se revisa primero.
Si se mira al final, o solo algunas semanas, deja de llenarse. Eso es predecible y no es resistencia.
Cognitivo-conductual
Registro de pensamientos
ReestructuraciónPara abrir la conversación: Una situación concreta, lo que sentiste y lo que pasó por tu mente.
Los siete pasos clásicos: situación, emoción, pensamiento caliente, trampas, evidencia a favor y en contra, alternativa y recalificación.
- Distorsiones identificables y bien delimitadas.
- Ansiedad y depresión leve a moderada.
- Buena capacidad verbal y disposición a escribir.
- Psicoeducación cognitiva: es la hoja que enseña el modelo.
La flecha descendente
Creencias nuclearesPara abrir la conversación: Parte de un pensamiento y explora qué significaría para ti que fuera cierto.
Bajar del pensamiento automático hasta el fondo, y romper el todo o nada poniendo a personas reales en un continuo.
- Patrones que se repiten en situaciones muy distintas.
- Cuando la reestructuración de superficie no sostiene entre sesiones.
- Formulación cognitiva del caso.
Guion para proponerlo en sesión
Por un pensamiento concreto de una situación concreta. «No sirvo» no sirve de punto de partida; «pensé que se iban a dar cuenta en la reunión» sí.
«Supongamos, solo para mirar, que eso fuera cierto. ¿Qué significaría para ti?»
Se repite la misma pregunta con las mismas palabras, cuatro o cinco veces: «¿y qué tendría eso de malo?», «¿y qué significaría eso sobre ti?»
No reformular para que suene mejor. La repetición monótona es lo que hace bajar; variarla devuelve a la persona a la superficie.
Se para cuando la respuesta empieza a repetirse, o cuando aparece una frase corta, absoluta y en primera persona: «soy un fraude», «no valgo». Ahí está el fondo y no se baja más.
Consolar a mitad del descenso corta la cadena y hay que volver a empezar.
Discutir la creencia en el momento en que aparece. Ese no es el momento: apenas es el hallazgo.
Bajar deprisa con alguien muy activado. Si la activación sube mucho, se para y se ancla.
✗ «Pero eso no es verdad.» Justo cuando llega al fondo, invalida lo que acaba de costarle.
✗ «¿Ves cómo exageras?»
✗ Terminar la sesión en el fondo. Siempre se sube antes de cerrar.
Nombrar que lo que apareció es una creencia y no un hecho, y dejarla anotada para trabajarla.
«Si eso fuera solo una frase que tu mente dice, ¿qué harías distinto esta semana?»
La escalera de exposición
ExposiciónPara abrir la conversación: Pon las situaciones en una escalera y explora con quien te acompaña cómo abordarlas.
Jerarquía por unidades subjetivas de ansiedad, ensayos registrados y control explícito de las conductas de seguridad.
- Fobias específicas, ansiedad social, agorafobia.
- TOC, con prevención de respuesta.
- Ansiedad por la salud y evitación interoceptiva.
Guion para proponerlo en sesión
La jerarquía la construye la persona. Un peldaño puesto por el profesional se cumple por obediencia y no enseña nada.
Se empieza por uno que pueda hacer, no por uno que deba.
Un solo peldaño, con día, y sin puerta de salida en el enunciado.
Explícito antes de empezar: no se sube hasta que ese baje.
Las conductas de seguridad se nombran una por una. Una exposición con conducta de seguridad dentro no es una exposición.
✗ Un peldaño elegido por el profesional porque «ya está listo».
✗ «Aguanta hasta que se te pase», sin criterio de bajada.
✗ Subir dos peldaños porque la semana salió bien.
Preguntar la unidad de ansiedad al empezar, en el pico y al terminar.
Si no bajó, casi siempre pasó una de dos: salió antes de tiempo, o llevaba una conducta de seguridad que no se había nombrado.
Activación conductual
ActivaciónPara abrir la conversación: Mira las actividades de tu semana y lo que aportan en agrado y sensación de logro.
Registro de agrado y dominio en cuatro cuadrantes, y programación por horario: las ganas llegan después de empezar, no antes.
- Depresión, anhedonia, inhibición psicomotora.
- Duelo con retirada de actividades.
- Procrastinación instalada y el «no tengo ganas de nada».
- Cuando el cuadrante vacío es el de agrado y por fuera todo sigue saliendo.
Guion para proponerlo en sesión
La actividad se elige por valor, no por agrado. Esperar a tener ganas es el problema, no la solución, y conviene decirlo con esas palabras.
«La ganas vienen después de empezar, no antes. Vamos a probarlo esta semana.»
Pequeña, concreta, con día y hora, y que no dependa de que otra persona responda.
Se hace tenga o no tenga ganas. Y se registra dominio y agrado después de hacerla, nunca antes.
✗ Una semana entera de actividades de golpe.
✗ Algo que dependa de que alguien más conteste o acepte.
✗ «Sal a distraerte.» Eso no es activación conductual, es evitación con buen nombre.
Mirar dominio y agrado, no si le gustó.
Varias actividades con dominio alto y agrado bajo es exactamente el patrón esperado al empezar, y conviene decirlo antes de que lo lea como fracaso.
Solución de problemas
AfrontamientoPara abrir la conversación: Define una dificultad concreta y abre espacio para distintas alternativas antes de evaluarlas.
Orientación, definición, generación de alternativas sin juzgar, matriz de decisión, ejecución y verificación.
- Problemas externos reales y modificables ahora.
- Sobrecarga y decisiones prácticas acumuladas.
- Cuando el malestar sí responde a una situación que se puede cambiar.
- Baja percepción de autoeficacia para resolver.
Guion para proponerlo en sesión
Distinguir problema de malestar. Si no hay un problema resoluble, esta hoja hace daño: convierte una emoción en una tarea que se falla.
Si la persona cree que los problemas no se resuelven o que ella no es capaz, ninguna lista de alternativas va a servir.
«¿Esto es un problema que se pueda resolver, o es algo que toca cargar?» Las dos respuestas llevan a hojas distintas.
Cantidad antes que calidad, y sin evaluar mientras se generan. Si evalúa a la vez, se queda en tres y las tres serán las de siempre.
Incluir a propósito una o dos absurdas. Sueltan el resto.
Elegir la mejor alternativa y no probarla. La técnica termina en ejecución y revisión, no en la lista.
✗ «Es cuestión de organizarse.»
✗ Proponer las alternativas uno mismo, por rápido que sea.
Autoinstrucciones
AutorregulaciónPara abrir la conversación: Construye unas palabras propias para acompañarte antes, durante y después de una situación.
Una frase propia para cada una de las cuatro fases del afrontamiento, ensayada antes y llevada encima el día que toca.
- Ansiedad de desempeño y situaciones puntuales anticipables.
- Impulsividad: mete una pausa verbal entre el impulso y la acción.
- Adolescentes, y quien se bloquea y necesita andamiaje.
- Cuando el diálogo interno actual es abiertamente hostil.
Guion para proponerlo en sesión
El profesional dice primero, en voz alta, lo que se diría a sí mismo en esa situación, dudas incluidas. Si el modelo sale perfecto no sirve de modelo.
La persona lo dice en voz alta, después en voz baja, después por dentro. Ese desvanecimiento progresivo es lo que hace que quede disponible cuando toque.
En sus palabras, cortas y en primera persona.
Una autoinstrucción dice qué hacer, no cómo sentirse: «leo la primera línea» sirve; «voy a estar tranquilo» no.
Convertirlas en frases motivacionales. En cuanto suenan a taller, dejan de usarse el día que hacen falta.
✗ «Repítete que sí puedes.»
✗ «Piensa en positivo.»
✗ Dárselas escritas por el profesional. Las que no salen de su boca no vuelven a su cabeza.
Análisis funcional
FormulaciónPara abrir la conversación: Un mapa de lo que sucede antes, lo que hace la persona y lo que ocurre después.
Antecedentes, conducta en los tres sistemas de respuesta y consecuencias, con la hipótesis funcional derivada de lo marcado.
- Siempre que la topografía confunda: la misma conducta con funciones opuestas.
- Conductas cuya función no es obvia, o que el entorno mantiene sin saberlo.
- Supervisión y formación de practicantes.
- Cuando el plan no funciona y hay que revisar la hipótesis, no la técnica.
Guion para proponerlo en sesión
«Vamos a mirar para qué sirve eso que haces. Sirve para algo, o no lo harías.»
Esa frase evita que se lea como reproche, que es el riesgo de esta hoja.
Antecedente: dónde, con quién y qué pasó justo antes.
Conducta: en verbos observables. «Me pongo ansioso» no es una conducta; «me fui del salón» sí.
Consecuencia inmediata y consecuencia a la larga, en columnas separadas. La distancia entre las dos es todo el análisis.
Describir la conducta como rasgo en vez de como acto. Si no se puede filmar, no es la conducta.
Quedarse en la consecuencia a largo plazo, que la persona ya conoce. La que mantiene el problema es la inmediata, y es la que cuesta admitir.
✗ «Eso es una conducta de evitación.» Etiquetar antes de que se vea lo deja en teoría.
✗ «Entonces lo haces por llamar la atención.»
✗ Proponer la función. Se deduce de los datos o no se deduce.
Leer en voz alta la columna del alivio inmediato, seguida. Suele bastar.
Aplazar la preocupación
MetacognitivaPara abrir la conversación: Un pensamiento que aparece y distintas maneras de responder a partir de ahí.
Poner a prueba la creencia de que la preocupación o la rumiación son incontrolables: se deja el desencadenante en paz y se aplaza el proceso a un momento breve más tarde en el día.
- Ansiedad generalizada con preocupación que se vive como imposible de parar.
- Rumiación depresiva o pensamientos intrusivos después de un trauma.
- Personas que intentan suprimir los pensamientos y confunden eso con controlarlos.
Guion para proponerlo en sesión
Primero la pregunta que abre la duda: «Si la preocupación es incontrolable, ¿cómo es que se detiene cuando suena el teléfono? ¿Y cuando duermes?»
Distinguir con cuidado: no se controla el pensamiento que llega; se elige no seguir el proceso de preocupación que viene después.
«No te pido que no tengas el pensamiento. Puede estar ahí. Solo dite: es un desencadenante, lo dejo en paz y me ocupo más tarde.»
«Es un experimento para comprobar hasta qué punto la preocupación es incontrolable.»
No basta un «sí, lo hice». Se pregunta con qué desencadenantes, cuántas veces, y qué hizo exactamente con el pensamiento.
✗ «Trata de no pensar en eso.» Es supresión, lo contrario de lo que se busca.
✗ «Tienes que usar el rato de preocupación.» No es obligatorio.
Balance decisional
MotivaciónPara abrir la conversación: Dale lugar a las razones para cambiar y a las razones para seguir igual.
Trabajar la ambivalencia explorando con honestidad los pros y contras de cambiar y de seguir igual, responder a lo que sostiene no cambiar y llegar a un objetivo con pasos concretos.
- Al inicio del tratamiento, antes de los módulos que exigen esfuerzo, como la exposición.
- Cuando la motivación baja o hay un retroceso: se vuelve a revisar el balance.
- Ambivalencia fuerte que no se resuelve con las preguntas de importancia y confianza.
Guion para proponerlo en sesión
Las cuatro celdas, sin saltarse ninguna. Si queda en blanco lo bueno de seguir igual: «¿Qué te impidió cambiar esto antes?»
Se valida: «Cambiar la propia conducta es un trabajo muy duro, sobre todo algo practicado por años.»
Se usa lo que la persona dijo. Si seguir igual es «más fácil»: «¿Cuánto trabajo te supone hoy manejar esto?» Muchas veces descubre que seguir igual también cuesta.
Se refleja selectivamente lo que apoya el cambio, sin descartar lo otro.
✗ «Es obvio que te conviene cambiar.»
✗ Llenar las celdas por la persona. Sus razones valen porque son suyas.
Ventana de sueño
InsomnioPara abrir la conversación: Revisa el diario de sueño y los antecedentes con el profesional antes de acordar una ventana.
Consolidar el sueño ajustando el tiempo en la cama al tiempo que de verdad se duerme, con una hora fija para levantarse, y ampliarlo semana a semana según la eficiencia.
- Insomnio crónico con mucho tiempo despierto en la cama.
- Personas que se acuestan cada vez más temprano o se quedan en cama para recuperar sueño.
- Cuando ya hay al menos una semana de diario de sueño.
Guion para proponerlo en sesión
Tiene algo paradójico y conviene decirlo: a quien duerme poco se le pide pasar menos tiempo en la cama. «Quedarse más en la cama da más oportunidad de dormir, pero el sueño sale superficial y cortado.»
Se anticipa que al principio dormirá algo menos, y que más adelante costará mantenerse despierto hasta la hora.
Lo primero de la sesión es el diario: la persona lee los números, se calcula la eficiencia y se ajusta la ventana. Si no se revisa primero, deja de llenarse.
✗ «Si una noche duermes mal, quédate más en la cama al otro día.»
✗ «Levántate cuando te despiertes, a la hora que sea.» La hora de levantarse es fija.
Lista de tareas A-B-C
OrganizaciónPara abrir la conversación: Reúne lo pendiente y distingue qué necesita tu atención primero.
Reunir todo lo pendiente en una sola lista y priorizar con una regla simple: todas las A antes que cualquier B, para no llenar el día con lo fácil y dejar lo importante.
- Adultos con TDAH o con dificultades de organización y postergación.
- Personas que se sienten ocupadas todo el día y no avanzan en lo importante.
- Como base de otras habilidades: la lista y el calendario sostienen el resto del programa.
Guion para proponerlo en sesión
Primero volcar todo, sin calificar. Después las letras, de a una tarea, discutiendo cada A: «¿Tiene que estar hecha hoy o mañana?»
Se juega el día en los dos órdenes con sus propias tareas. La diferencia la ve la persona.
«¿Cuándo miraste la lista?» antes que «¿qué hiciste?». Si no se miró, se revisa el momento del día al que se ató, no la fuerza de voluntad.
Si una A se quedó sin hacer, se vuelve a calificar al día siguiente. No es un fracaso: es información sobre cuánto cabe en un día.
✗ «Tienes que ser más organizado.»
✗ «Cuando encuentres la aplicación ideal, empezamos.»
Inoculación de estrés
EstrésPara abrir la conversación: Distingue lo que puedes cambiar y los recursos con los que cuentas para afrontarlo.
Recorrer las tres fases del entrenamiento: entender el estrés y separar lo cambiable de lo que no, reunir un repertorio de afrontamiento y ensayarlo con dosis de estrés crecientes.
- Estrés laboral, de crianza o por enfermedad, con situaciones que se repiten.
- Preparación para algo difícil que se sabe que viene: una cirugía, una audiencia, un examen.
- Ira o ansiedad ante situaciones interpersonales concretas.
Guion para proponerlo en sesión
Como una vacuna: «Se trata de exponerte a dosis que activen tus defensas sin vencerlas. Con cada una que manejas, la siguiente se vuelve posible.»
El objetivo no es quitar el estrés por completo, sino usarlo: verlo como un reto o un problema por resolver.
La escena incluye estresarse: la tensión que sube, el pensamiento catastrófico, y luego cómo lo nota y lo afronta. Una escena donde todo sale bien enseña menos.
Preguntar como Colombo: «¿Cómo lo lograste? ¿Qué hiciste exactamente?» Que el mérito lo ponga la persona.
Si reporta un fracaso, revisar su criterio de éxito: a veces un éxito parcial se lee como fracaso total.
✗ «La próxima vez no te vas a estresar.»
✗ Proponer diez técnicas a la vez.
Compasión y mindfulness
Respiración de ritmo tranquilizador
Sistema de calmaPara abrir la conversación: Acompaña el movimiento con una respiración cómoda. Ajusta el ritmo si lo necesitas.
Enlentecer la respiración y atender a la sensación de ir más despacio, para suavizar las emociones de amenaza. Es una de las primeras prácticas de la terapia centrada en la compasión.
- Activación alta, ansiedad o enojo que no dejan pensar ni practicar otra cosa.
- Como puerta de entrada a las prácticas compasivas.
- Para instalar desde la primera sesión el hábito de practicar entre sesiones.
Espacio de respiración de tres minutos
MindfulnessPara abrir la conversación: Reconocer lo que hay, atender a la respiración y ampliar la atención al cuerpo.
Llevar la práctica al día y usarla como primer paso ante lo difícil: reconocer lo que hay, reunir la atención en la respiración y ampliarla al cuerpo entero.
- Prevención de recaídas en depresión, dentro o fuera del programa completo.
- Momentos del día en que se entra en piloto automático o en rumiación.
- Antes de responder en una situación difícil.
Pausa de autocompasión
AutocompasiónPara abrir la conversación: Encuentra unas palabras y un gesto para acompañarte en un momento difícil.
Responder a un momento difícil con los tres componentes de la autocompasión: reconocer que duele, recordar que le pasa a cualquiera y ofrecerse lo que hace falta, consuelo o fuerza.
- Autocrítica dura ante errores o fracasos.
- Vergüenza o sensación de estar solo con el problema.
- Como práctica informal breve, para usar en el día cuando aparece el estrés.
Guion para proponerlo en sesión
Primero el gesto, después las palabras. Se prueban dos o tres formas de tocarse con apoyo y se queda la que sostenga; si ninguna, se sigue sin gesto.
La situación, leve o moderada. Con la más grave del historial se aprende a desbordarse, no a practicar.
«Vamos a probar algo breve para los momentos difíciles. No es para que el malestar se vaya, sino para tratarte como tratarías a alguien que quieres cuando está mal.»
Se dice despacio, con pausas entre las frases. El guía no agrega explicaciones mientras la persona practica.
«¿Qué notaste?» Y luego, por partes: «¿pasó algo al decir la primera frase?», «¿y con la de que a cualquiera le pasa?», «¿necesitabas consuelo o fuerza?».
Si dice que se sintió peor, se valida sin alarma: el dolor no lo creó la práctica, estaba antes.
✗ «Tienes que quererte más.»
✗ «Hay gente que está peor que tú.» Es lo contrario de la humanidad compartida.
✗ «Respira y ya se te pasa.»
El yo compasivo
AutocríticaPara abrir la conversación: Ensaya una manera cálida, sabia y valiente de acompañar a quien está pasándolo mal.
Pasar de la perspectiva de amenaza a una organizada por la compasión, ensayándola como un papel, y desde ahí acompañar a la versión de uno que sufre.
- Autocrítica y vergüenza arraigadas.
- Ansiedad ante situaciones que activan viejas experiencias de humillación.
- Personas que dicen «yo no soy así»: el papel evita la discusión.
Guion para proponerlo en sesión
Como un papel de actor. «No se trata de si ya eres así. Los actores hacen personajes muy distintos de ellos: imaginan cómo se sentirían, qué pensarían, qué harían. Vamos a hacer lo mismo.»
Si aparece «eso no soy yo», no se discute: es justo lo que el papel permite dejar de lado.
Pausas largas entre cualidades. Quien acompaña no llena el silencio.
Al traer la situación: «¿Tiene sentido que se sienta así?» y «No es su culpa, ¿verdad?», con tiempo para que responda.
«¿Cómo fue imaginarte así?» Si solo pudo imaginarlo, se valida: al principio es lo esperable.
Se practica fuera en momentos favorables, no en plena crisis.
✗ «Tienes que ser más compasivo contigo.»
✗ «Deja de pensar en eso y piensa en algo bonito.» No es una distracción: se vuelve a la situación.
Crisis y consumo
Plan de seguridad
Riesgo suicidaPara abrir la conversación: Un plan concreto y accesible para atravesar una crisis, elaborado junto con quien acompaña.
Un plan escrito con la persona, en sus palabras, de lo que hará si la crisis vuelve: de lo que puede hacer sola a lo que requiere ayuda, con teléfonos concretos y los medios fuera de alcance.
- Después de una valoración de riesgo suicida, en un momento de calma.
- Tras un intento o una autolesión, antes de terminar el contacto.
- Como parte del seguimiento: se revisa en cada encuentro.
Surfear el impulso
Prevención de recaídasPara abrir la conversación: Reconoce el impulso y observa cómo cambia mientras eliges qué hacer.
Atravesar el deseo de consumir sin obedecerlo ni pelear con él: nombrarlo como impulso, observarlo en el cuerpo y dejar que suba y baje como una ola.
- Consumo de sustancias o apuestas con deseo intenso ante señales o emociones.
- Personas que intentan suprimir el deseo y terminan más atrapadas en él.
- Como práctica en sesión antes de usarla en situaciones reales.
Importancia y confianza
Entrevista motivacionalPara abrir la conversación: Un cambio, dos reglas y las razones propias que aparecen al conversar sobre ellas.
Explorar la ambivalencia con dos preguntas de escala y evocar, en palabras de la persona, sus razones para cambiar y sus recursos para lograrlo.
- Ambivalencia ante un cambio: consumo, adherencia al tratamiento, volver a la actividad.
- Una tarea acordada que no se hizo: se revisan la importancia y la confianza antes de insistir.
- Mantenimiento: después de un tropiezo, para volver a las razones y a la confianza.
Guion para proponerlo en sesión
«En una escala del 0 al 10, ¿qué tan importante es para ti…?» Y después: «¿Por qué un 6 y no un 0?»
La respuesta es lenguaje de cambio. Se refleja y se afirma, sin agregar razones propias.
«¿Qué haría falta para pasar de un 6 a un 8?» También evoca: lo que la persona necesita para avanzar.
✗ «¿Por qué no un 10?» Invita a defender el no cambio.
✗ «Pero debería ser más importante para ti.»
✗ Elogios generales como «¡qué bien!». Se afirma lo concreto: «Has sido muy constante con esto».