Define una dificultad concreta y abre espacio para distintas alternativas antes de evaluarlas.
Terapia de solución de problemas de D'Zurilla y Nezu, en Ruiz, Díaz y Villalobos, Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales, cap. 9.
Un problema mal definido no tiene solución posible. «Todo me sale mal» no se puede resolver; «no sé hacer esta parte y la entrega es en dos semanas» sí. Se define por hechos, y separando lo que se puede cambiar de lo que no.
Aquí la regla es una y no se negocia: no se juzga ninguna mientras se generan. Vale lo absurdo, lo imposible y lo que la persona nunca haría. Juzgar mientras se genera es lo que hace que solo aparezcan dos opciones, y con dos opciones no hay decisión.
Quien mira el problema como una amenaza sin salida no genera alternativas, por muchas técnicas que se le enseñen. Por eso se empieza aquí.
Ahora sí se juzga, y se juzga en cuatro casillas separadas para que lo inmediato no se coma a lo importante. Cada casilla va de 0 —muy malo— a 10 —muy bueno—. El largo plazo pesa el doble, porque es el que la mente descuenta cuando hay malestar.
Una solución elegida y no ejecutada no cierra el proceso. Y no basta con hacerla: hay que volver a mirar si funcionó, porque de eso depende que la próxima vez la persona confíe en el método y no solo en la suerte.