Pon en las hojas los pensamientos que reconoces y observa su paso por el arroyo.
Defusión cognitiva y meditación para desliteralizar el lenguaje, en Díaz Corbobés, MANUAL ACT §3.4, dentro del estilo abierto de respuesta.
Los que aparecen todos los días sirven mejor que los más graves. La corriente los trae sola, los repite y los baraja.
Imagina que estás sentado junto a un arroyo que baja despacio. El agua es clara y arrastra hojas que caen de los árboles. No tienes que hacer nada con el agua.
Sobre cada hoja viene un pensamiento. No los eliges tú: llegan solos, y a veces vuelve el mismo. Míralo, léelo, y deja que la corriente se lo lleve.
No empujes las hojas, no las retengas y tampoco mires el agua para no verlas. Se trata de mirarlas de frente y dejarlas ir igual: los feos, los aburridos y también este de «lo estoy haciendo bien».
En algún momento vas a notar que dejaste de mirar el arroyo, que te fuiste con una hoja corriente abajo. Eso va a pasar, y no es una falla. Cuando lo notes, vuelve a sentarte junto al arroyo. Si el botón naranja está puesto, marcarlo es parte de volver.