Acompaña el movimiento con una respiración cómoda. Ajusta el ritmo si lo necesitas.
Respiración de ritmo tranquilizador (soothing rhythm breathing), en Kolts, CFT Made Simple (2016), cap. 4.
Una cifra rápida, sin pensarla mucho. Sirve para comparar al final, no para evaluar si la práctica «funcionó».
Siéntate erguido, con los dos pies en el piso y las manos sobre las piernas. La cabeza derecha, digna pero relajada. Si quieres, cierra los ojos.
Primero solo nota el aire que entra y sale, sin cambiarlo, unos segundos.
Ahora deja que la respiración se haga más lenta: el aire entra mientras el círculo se abre, una pausa breve, y sale mientras se cierra.
Pon la atención en la sensación de ir más despacio: el cuerpo más lento, la mente más lenta. Si el ritmo te resulta demasiado lento, cámbialo abajo hasta encontrar uno cómodo y tranquilizador.
Al terminar, deja que la respiración vuelva a su ritmo normal y abre los ojos despacio.
Los efectos crecen con la práctica: en las primeras veces es común notar poco. Enlentecer no hace desaparecer las emociones de amenaza; las suaviza.
Treinta segundos alcanzan, dos o tres veces al día. El obstáculo más común es olvidarse, así que se acuerda desde ya qué lo va a recordar.